Brújula pública. Nuevas armas.

Por Rodolfo Aceves Jiménez.

La política armamentista mexicana tiene como finalidad que las instituciones del sector defensa nacional y marina de guerra, actualicen la capacidad de fuego del Estado mexicano con el objeto de ejercer una persuasión en el contexto internacional.

La industria militar mexicana se dedica a fabricar, entre otros artículos, uniformes y materiales diversos para consumo de las Fuerzas Armadas Mexicana, también armas de bajo calibre y balas, para cubrir las necesidades operativas y estar en condiciones de cumplir con la función de Estado de la política de defensa nacional a que se refiere la Constitución, y con ello, ejercer el monopolio de la violencia, a que se refiere Max Weber.

Quedan muy lejos los juicios de valor que señalan que el armamentismo mexicano tuviera un fin electoral, o para una invasión, o bien, cualquier otra explicación fuera de razón. En la lógica de quienes piensan distinto, con 29 misiles de capacidad convencional, y no nuclear, difícilmente puede invadirse Texas, Cuba o Guatemala. Es una realidad.

Hasta antes de la incorporación de la tecnologización de los métodos y sistemas en los armamentos, eran muy espaciados los periodos en que las naciones con medio o bajo perfil armamentista adquirían o actualizaban su capacidad de fuego. Por esta razón es que los sistemas de navegación, propulsión y fuselaje de naves y aeronaves de las Fuerzas Armadas Mexicanas fueron sujetas de mantenimiento por ingenieros navales y militares mexicanos, y con ello, ampliaron su periodo de vida, hasta que llegó el momento en que la obsolescencia obligó a actualizar en la medida de lo posible, la capacidad de fuego mexicana.

Aquí se encuentra la adquisición que se hizo en enero pasado de 29 misiles en diversas capacidades, con un valor de 98.4 millones de dólares (mdd) para estar en condiciones de persuadir y defender instalaciones estratégicas en el mar, como pozos petroleros, de cuya extracción depende gran parte de la economía mexicana.

Hoy la Agencia de Defensa de Cooperación y Seguridad del gobierno norteamericano anuncia que México compraría 8 misiles de diversas categorías, así como sus instrumentos tácticos y logísticos.

La última adquisición de este tipo de armamento fue en 2002, poco después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono y, por tanto, el equipo adquirido tenia 15 años de antigüedad, que en términos de capacidad de fuego había disminuido su poderío.

Para finalizar, de la sincronía que genera la Constitución es que se deduce, que la política armamentista obedece a la política de defensa nacional, y ésta tiene una simultaneidad con el Plan Nacional de Desarrollo, de cuyos objetivos se desprende que el fin de las Fuerzas Armadas, como detentores de la política armamentista, no tienen otro objeto que no sea la protección de la ciudadanía a través del Plan Marina y del Plan DN-III de la Armada y el Ejército, respectivamente, así como las instalaciones estratégicas en las que por extensión se sustentan gran parte de las actividades de los tres sectores de la economía.

Esta es la correcta lectura que debe dársele a la adquisición de material de guerra, no como un ejercicio de preparación a un eventual conflicto armado.

Por |2018-09-06T12:10:41+00:00agosto 16th, 2018|Uncategorized|Sin comentarios

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Rodolfo Aceves Jiménez
Rodolfo Rodolfo AcevesAceves es Lic. En Estudios Políticos y Gobierno con Especialidad en Planeación de Defensa Nacional. Investigador externo del ININVESTAM y docente en línea de la UVM.