A mí tampoco me gustan los tatuajes · Ingenuidades por Óscar González

A mí tampoco me gustan los tatuajes · Ingenuidades por Óscar González 

A mí tampoco me gustan los tatuajes, pero conozco a quienes sí.  Cuando yo era niño, lo tatuajes eran relacionados con gente mala, que estaba o había estado en la cárcel. Por alguna razón que desconozco, el tatuaje en forma de un ancla de barco que mostraba en los brazos “Popeye el marino” (o El Marino Ojo Saltón) en sus caricaturas, no logró que los niños relacionáramos el tatuaje con los buenos de las historias. Pero las cosas cambian, al menos, un poco.

A mí no me gustan los tatuajes y no lo uso; tampoco me gusta cómo se ven en otras personas. Aunque no lo sé, supongo que no cambiaré ese gusto; pero un gusto es sólo un gusto. Al respecto he aprendido varias cosas. Una de ellas es que “contra gustos no hay disputa”, como dice Serrat, “cada uno es como es, cada quien es cada cual y baja las escaleras como quiere.”

Las apariencias son demasiado importantes, especialmente para formar una primera impresión. Por eso debemos ser conscientes de que, como todos sabemos, las apariencias engañan. Engañan de tal manera que quienes aparentan ser bestias pueden resultar príncipes y quienes aparentan ser princesas pueden resultar verdaderas brujas.

Me refiero tanto a las apariencias de la imagen personal como a la curricular. Muchos hemos sido discriminados alguna vez, si no por ser muy altos, sí por ser chaparros; o gordos o demasiado delgados; porque nos rasuramos la cabeza o porque tiene una melena que, para colmo, se la peina con un chongo; que si somos muy viejos o demasiado jóvenes; que si carece de experiencia o esta “sobrecalificado”; que si trabajó muchos años en una misma empresa o que si cambió muchas veces de empleo en pocos años. Que si es hombre o mujer, casada o soltero, guapo o bonita.

He conocido personas muy inteligentes y cultas, que son altos, flacos y anémicos, usan lentes y el peinado con apartado por el medio. También he conocido hombres que son chaparros, robustos, sin lentes, con una barba que les da apariencia de motociclistas o músicos de blues, pero son científicos que aportan mucho a la sociedad. He conocido directamente o por referencia a tatuados que resultan ser eminencias en algún tema. Tuve un entrañable tatuado cercano mío que resultó un genio financiero y enriqueció a mucha gente; otro más, que se la pasa ayudando gente.

No sabría discernir, en base a la poca y superficial información de la apariencia, si una persona merece o no una entrevista. Tal vez después de la entrevista sabría si merece o no una batería de pruebas y después de éstas, si una serie de entrevistas con diferentes personas. Todo esto para una contratación temporal, con una evaluación puntual y relativa a los objetivos y planes del momento. Sólo viendo el trabajo real y los resultados podría evaluar y decidir sobre una contratación de mayor plazo.

En el proceso electoral que acabamos de vivir, no faltaron quienes pretendieron desestimar a candidatos por estar canosos o por ser muy jóvenes; o por no tener experiencia en ciertos puestos, a pesar de que tener esa experiencia no es garantía de buen trabajo. Ahora se habla de que entre los electos hay quienes no tienen la apariencia conservadora ni el currículum tradicional, pero ninguno de esos dos elementos debería ser motivo para rechazarlos.

Mucho más preocupante es el regreso a puestos de responsabilidad de funcionarios que, independientemente de su apariencia, ya han ocupado ese mismo u otros puestos públicos y han demostrado no hacer un buen trabajo. Son ellos a los que no deberíamos contratar.

En lugar de preocuparnos por las apariencias físicas o curriculares, preocupémonos porque la ciudadanía se interese, se informe, se involucre y presione lo suficiente para que se generen los mecanismos que nos permitan: No volver a votar por malos funcionarios; correr o desvincular de su cargo a quienes lo hagan mal; y reelegir a los que hacen un buen trabajo.

Oscar González

 

Óscar González se define como amigo, esposo, padre, hermano, tío y padrino; regiomontano e hijo de Dios. Estudió la carrera de Ingeniero Agrónomo por el Tecnológico de Monterrey, también una maestría en Productividad Agropecuaria y un Doctorado en Administración. Es profesor emérito del Tecnológico de Monterrey, coach de negocios y c onsultor independiente. Ha sido coordinador de Agencias de Desarrollo Rural y Consultor externo de la FAO.

Por |2018-07-24T10:18:45+00:00julio 24th, 2018|Uncategorized|Sin comentarios

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