Ingenuidades · Por Óscar González

INGENUIDADES
Por Oscar González

MOVILIDAD
Este domingo tuve y aproveché la oportunidad de visitar con mi familia el Planetario ALFA, específicamente, Diálogos en la Oscuridad. Si no han ido, les recomiendo encarecidamente que lo hagan. Es una experiencia por demás interesante, intensa, que logra plenamente su objetivo de desarrollar empatía, a través de concientizar sobre algunas situaciones y dificultades que experimentan diariamente las personas con discapacidad o debilidad visual.

No detallaré la experiencia para que vayan y la vivan. Sólo diré que esa vivencia genera muchas preguntas. Afortunadamente, al final del recorrido hay un espacio adecuado y un poco de tiempo para hacerlas. Entonces pregunté, entre otras cosas, por la problemática de la movilidad ¿Cómo sería una calle y/o una banqueta diseñada para ellos? ¿Qué modificaciones necesita el transporte urbano para considerar a este grupo de nuestra población? La primera, obvia y casi espontánea conclusión es que resulta evidente que la ciudad no está diseñada tomando en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad o debilidad visual. También resulta obvio que no somos conscientes de las necesidades de los demás.

Hace unos días, un excompañero del que soy amigo me platicaba que la empresa en la que trabaja, como parte de su programa de salud para sus empleados, había establecido un sistema de monitoreo de pasos. La idea es, por supuesto, promover la salud motivando que su gente se mueva, camine más y sea menos sedentaria. Él me comentó que con frecuencia resulta ser quien más pasos por semana da, debido a su buen hábito de caminar a realizar sus diligencias, en lugar de usar el automóvil, cuando la distancia es caminable. Compartimos entonces esas gratas experiencias de caminar, e inevitablemente surgieron y se incorporaron a la conversación todas las dificultades que encontramos: cosas como las calles y banquetas destruidas; banquetas inexistentes o demasiado angostas y obstruidas por estructuras públicas o privadas, por árboles y arbotantes, por botes y maceteros. Es como si nadie esperara que alguien realmente utilizara las calles y banquetas para caminar; ni con vista, mucho menos sin ella. No se diga de la imprudencia de los automovilistas pero, sobre todo, de los ciclistas.

Le platiqué a mi amigo de los intentos que hice para usar la bicicleta como medio de transporte. Cuando viví en Guadalajara lo logré un poco, pero no sin arriesgar mi vida en las calles. Aquí en Monterrey me resultó imposible o, por lo menos, impráctico. De eso a la fecha han pasado décadas, pero la situación no ha mejorado mucho. Hemos visto algunos intentos por obligar a la existencia de carriles o corredores para bicicletas, sin que hayan tenido mucho éxito. Ciertamente hay personas que se mueven diariamente en bicicleta, como otro compañero, al que ya han atropellado un par de veces. No, definitivamente la ciudad no está preparada para andar por ella en bicicleta. ¿Será entonces que se diseñó para circular por ella en automóvil?

Seguramente todos los que no tienen un auto pensarán que la ciudad está diseñada para el carro, pero todos los que usamos uno regularmente sabemos que eso no es así. No importa cuánto dinero se haya gastado en las vialidades de la ciudad, las carencias y necesidades son muchísimas. Las calles, las intersecciones, las vueltas, los embudos, los puentes sin drenaje, el exceso de topes, de semáforos, de baches y alcantarillas, así como la falta de estacionamientos y cultura vial. Todo está pésimamente diseñado o, probablemente, ni diseñado está.

Las calles dan la impresión de que fueron trazadas como alguien (no creo que haya sido Dios) les dio a entender y sí, pensando que por ellas pasarían algunos carros, no bicicletas, ni motocicletas; mucho menos autobuses, camiones o cualquier tipo de transporte público. Algunos autos, pocos. Sin embargo, se construye después una cantidad desmesurada de fraccionamientos, mal llamados “desarrollos”, alejados de todo y sin atención de nada, obligando a sus habitantes a usar las mismas calles hasta que colapsan. Mal diseño o falta de planificación urbana.

Lo que sí ha avanzado en estas décadas es la organización de grupos que promueven la actividad de caminar o andar en bicicleta y defienden los derechos de quienes las practican. Dado que están organizados, sus logros son existentes y no como nuestras desorganizadas e infructuosas luchas de antaño. El estar organizados les permite ser escuchados e influir en los planes de la ciudad, lo cual aplaudo y celebro. Sin embargo, un par de puntos me preocupan: uno es el leer publicaciones en diferentes tamaños y medios, en los que alguna persona o grupo que promueve el caminar o andar en bicicleta ataca, en ocasiones hasta ofensivamente, a otro grupo que requiere movilidad en la ciudad, generalmente a los automovilistas.

Me recuerdan a un conocido que hace unas semanas estaba muy molesto con el equipo femenil de futbol de los Tigres, actuales campeonas de la liga. Él me explicó que no deberían ser campeonas porque no debieron haber contado los dos goles que anotaron en el primer juego de la final. Al cuestionarlo, me dijo que ambos goles emanaron de errores arbitrales. Entonces, le pregunté: ¿Si los errores fueron de los árbitros, por qué estás molesto con las jugadoras? Es el mismo caso con los automovilistas. Los errores han sido de las personas a quienes se les dio la autoridad y la responsabilidad de diseñar y construir, no de los automovilistas.

La actitud de enfrentamiento entre grupos de ciudadanos que tienen diferentes necesidades para su movilidad, no solamente es un absurdo sin sentido, sino un generador de violencia. Deberíamos promover todo lo contrario: la convivencia armoniosa y pacífica, no la división y la violencia. No lograremos nada atacándonos o insultándonos unos a otros, ni siquiera atacando a los árbitros o las autoridades. Lo que debemos hacer es planear, diseñar y construir para la movilidad de todos en convivencia pacífica, armoniosa y productiva.

Esto me lleva a mi segunda preocupación: no veo (no sé si existan, pero no veo) representación organizada de los diferentes grupos que requieren moverse en la ciudad. Por ejemplo, no veo a los automovilistas y estoy convencido de que las tendencias actuales no los consideran; como también estoy convencido de que no han tomado en cuenta a quienes tienen discapacidad o debilidad visual. Pruebas de esto son la calle completa y el distrito Tec que tanta promoción reciben ahora.

¿Por dónde empezar? Bueno, los grupos que mencioné y otros interesados en desarrollo urbano han iniciado desde hace tiempo y parece que tienen un buen camino recorrido. Yo los invitaría a que incorporen (y si es necesario, formen) organizaciones que representen a todos y cada uno de los diferentes grupos que requieren movilidad, para conocer sus necesidades y tomarlas en cuenta, de modo que el diseño sea incluyente.

También los invitaría a obligar un alto total a la expansión urbana, especialmente a la que invade los cerros. Los que vemos no conocemos las necesidades de los que no ven; los que andan en auto no son conscientes de las necesidades de los ciclistas y los que no tienen un auto, no saben de las necesidades de los automovilistas. Todos, estos y los demás que existan, deben ser incorporados.

En armonía.

Oscar

 

Óscar González.
Se define como amigo, esposo, padre, hermano, tío y padrino; regiomontano e hijo de Dios. Estudió la carrera de Ingeniero Agrónomo por el Tecnológico de Monterrey, también una maestría en Productividad Agropecuaria y un Doctorado en Administración. Es profesor emérito del Tecnológico de Monterrey, coach de negocios y consultor independiente. Ha sido coordinador de Agencias de Desarrollo Rural y Consultor externo de la FAO.

Por |2018-06-07T14:51:59+00:00junio 8th, 2018|Columna|Sin comentarios

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