EL MALESTAR DE LA CULTURA VISTO EN EL ESPEJO DEL HEAVY METAL POR IGNACIO MENDOZA

El malestar de la cultura visto en el espejo del heavy metal.

Por Ignacio Mendoza.

Si hay una devoción que me caracterice es la que siento por el Heavy Metal. Gracias a ello conozco los usos y costumbres de dicho medio a grado tal que me parecen adecuados para explicar nuestra posición para con la cultura como práctica social por motivos que vale la pena reconocer justamente ahora, cuando parece que las agendas públicas del próximo sexenio pasan de largo el tema.

Quien se considere conocedor del género sabrá que a los metaleros nos encanta categorizarlo todo. El fin de dicho afán es cotejar propuestas y concluir, por ejemplo, si Black Sabbath es la verdadera raíz del movimiento o si el Glam amerita un espacio en nuestra casa. También nos distingue la voluntad tribal por asumirnos como una minoría que vive a contracorriente –qué importa vestir de negro a cuarenta grados o llevar el pelo hasta los hombros cuando la moda dicta cortes a ras de cráneo- y cuya moneda de cambio es la convicción por creer que el Heavy Metal tiene el suficiente potencial como para cambiarle la vida a quien lo escuche. Esas particularidades son prácticamente idénticas a las circunstancias con las cuales se integra el mundo de la cultura y sus conocedores. Por ejemplo, quienes siguen al arte contemporáneo saben que sus impresiones en torno a la obra de Ron Mueck poco importan para los ojos profanos, pues, en su territorio, se les aprecia y toma como sinónimo de reconocimiento, lo cual les permite dictar valoraciones tal y como sucede en el Planeta Heavy Metal. De esa forma, tanto allá –la cultura- como acá –el Heavy Metal- compartimos una noción de singularidad y comunidad que siempre parte de un canon o una tradición. Si para los críticos la angustia que expresa Munch con su paleta de colores no encuentra parámetro en otro artista, para nosotros las atmósferas de Burzum jamás serán superadas.

 

Dicha valoración no tiene nada de malo pero sí termina por darle peso a los símbolos que configuran a las identidades, y eso, tarde o temprano, obliga a pensar en manifestaciones o productos específicos, con características predeterminadas, los cuales desembocarán en una condición uniforme y, en consecuencia, excluyente. No obstante, todo eso se viene abajo cuando hablamos del modo en el cual la gente accede, valora e incluso emplea a tales manifestaciones o productos (¿Cuándo iba a imaginar Frida Kahlo que sus óleos terminarían adornando bolsos? ¿En qué momento el Inner circle noruego decidió que los escenarios les quedaban chicos y era hora de cometer delitos y asesinatos bajo el manto de una ideología?) Eso revela que las obras de arte no siempre esperan ser reconocidas como tales, motivo por el cual se debe advertir que una perspectiva estandarizada no es recomendable para valorar, difundir o estudiar las posibilidades en torno a las expresiones y sus productos. Si eso no fuera así, el mundo habría pasado por alto la presencia y propuestas del Grindcore o el Performance, dos expresiones cuya contribución a sus respectivos ámbitos no queda en tela de duda.

¿Es necesario entender lo que implica eso? Si esperamos reconocer que la experiencia cultural funciona en intensidades y condiciones diversas, sí. Eso nos permitirá entender que empaquetarla en acuerdo a intereses políticos o de gremio o de cualquier otra índole que no se relacione con la experiencia artística como tal, poco aporta a su valoración, pues conduce a un diagnóstico parcial o recurrente, ese en donde artistas, críticos y funcionarios sólo hablan de la falta de recursos, de espacios, de apoyos, de oportunidades o de tantas otras calamidades que, vaya, también se viven en el Planeta Heavy Metal (ahí la cantaleta refiere sellos discográficos poco difundidos, medios acotados por otras tendencias musicales, propuestas repetitivas que hacen pensar en el estancamiento, en fin). Se impone entonces la necesidad de valorar cada expresión en su respectivo contexto y observando sus productos. No es algo sencillo pero sí necesaria en caso de querer hacer las cosas de manera diferente y efectiva.

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