Descentralización Por Oscar González

Descentralización.

Por Oscar González.

En 1938, el entonces presidente de la república, Gral. Lázaro Cárdenas, llevó a cabo la expropiación de la industria petrolera en México. Fue un procedimiento legal gracias a la Ley de Expropiación publicada en 1936. “Expropiación” es la palabra adecuada, pues significa que una persona (física o moral) es privada de la titularidad de un bien o de un derecho, a cambio de una indemnización, por motivos de utilidad pública. Esto implica que será el Estado quien tendrá la titularidad de ese bien y decidirá sobre la mejor manera de administrarlo. Por esta razón se podría decir que se trata de un proceso de estatización, que es convertir en estatal algo que era privado. Dado que al iniciar el año de 1938 en México la industria petrolera estaba integrada por empresas extranjeras, también se podría hablar de una nacionalización, pues se realizaba el paso de manos extranjeras a nacionales.

En 1982, el entonces presidente, José López Portillo, llevó a cabo la expropiación de la Banca en México. Se trataba de una estatización, pero ese término no fue usado por fuentes gubernamentales; en su lugar, usaron el término “Nacionalización de la Banca”, -a pesar de que muchos bancos eran ya de nacionales-, para equiparar este hecho con la nacionalización petrolera. Irónicamente, después el gobierno vendió los bancos y llamó al proceso “privatización”. Ahora, casi todos los bancos que operan en México son extranjeros. Es decir, que en la práctica sucedió un proceso de extranjerización de la banca.

“Nacionalización”, la idea de que algo se hace nacional, mexicano, nuestro, es un término mucho mejor aceptado que “estatización”, o la idea de que el gobierno se queda con las cosas. Del mismo modo, “privatización” es un término menos mal visto que “extranjerización”. Siempre buscando el término que se crea tendrá mejor aceptación por la opinión pública.

En el 2018, durante las campañas electorales y después de las elecciones se nos ha hablado de un proyecto de descentralización. De acuerdo al diccionario de la lengua, de la Real Academia Española, “descentralizar” es transferir a diversas corporaciones u oficios parte de la autoridad que antes ejercía el Gobierno supremo del Estado. Este término, tan aceptado y deseado por los mexicanos durante años, significaría que el gobierno federal transfiera parte de su autoridad a los estados; pero eso no tiene nada que ver el proyecto del gobierno electo que, por otro lado, tiene proyectos para concentrar aún más el poder.

Si le llamamos a las cosas por su nombre, lo que hoy se promueve como “descentralización” es un proyecto de esparcimiento o distribución geográfica de las secretarías.

El supuesto de que la presencia de las oficinas del gobierno provocará movimiento y desarrollo es muy válido, por lo que no es descabellado pensar en mover el gobierno federal a una zona poco desarrollada. La constitución ya consideraba esta posibilidad y, antes de que fuera modificada para que los partidos políticos saborearan el botín del DF, establecía que el DF cambiaría de nombre a “Estado del Valle de México” y que el lugar en donde se estableciera el gobierno federal sería el nuevo Distrito Federal. Algo así como “Oaxaca, DF”. Pero tampoco es el caso, pues el proyecto no considera el traslado de ninguno de los poderes, sólo el de algunas secretarías.

Si no es el caso, imagine que usted es uno de los dueños de una empresa. Un día, el empleado que usted contrató para trabajar como director o Gerente General llega a usted con la idea de distribuir por el país partes o secciones de la empresa. No se trata de tener oficinas o representantes de ventas en diferentes estados, sino de tener el departamento de compras en una ciudad, la fábrica de producción en otra, las ventas en una tercera y los departamentos de contabilidad y finanzas en otras dos diferentes ciudades. ¿Qué haría usted? ¿Aceptaría de inmediato la realización de la idea? ¿Rechazaría la idea sin analizarla? ¿Le pediría a su empleado que le presentara el proyecto indicando sus beneficios y el costo de obtenerlos?

Imprudente sería aceptar o rechazar algo sin saber de qué se trata. Tanto el enfrascarse en una aventura que podría resultar más costosa que benéfica, como el evitar aprovechar una buena oportunidad de desarrollo. La obvia respuesta es la tercera, la presentación que explique el proyecto, incluyendo un claro y concienzudo análisis de costo – beneficio. ¿Alguno de ustedes la conoce, la visto y analizado, la tiene y podría compartirla con nosotros?

He preguntado por esa presentación y la he buscado en internet, entre los documentos del plan de nación y las publicaciones de Morena y del posible futuro gabinete, sin éxito.

No estoy diciendo que el proyecto de reubicación de las secretarías esparciéndolas por el territorio nacional sea malo. Tampoco digo que es bueno y hay que apoyarlo, por la sencilla razón de que no he tenido oportunidad de ver algo qué analizar. Lo que estoy diciendo es que cada uno de nosotros los mexicanos, debemos conocer los números y los detalles importantes. Algunos datos obvios y simples como son los costos. ¿Cuánto costará indemnizar o trasladar a todo el personal de esas secretarías? ¿Cuál es el efecto esperado de tantos desempleados repentinos y de tantas familias trasladadas? Una vez establecidas, ¿Cómo mejorará la eficiencia de las secretarías el hecho de que estén en los estados? ¿Los secretarios y demás funcionarios tendrán que viajar constantemente a la CdMx? ¿Cómo afectará esta dispersión de secretarías a los costos de transporte de la sociedad? ¿Se tiene acuerdo con alguna línea de transporte? ¿Cuál será el ahorro y demás beneficios del proyecto? En fin, de éstas y otras preguntas similares es que nos gustaría tener respuestas fidedignas para poder pronunciarnos ante nuestros representantes en el congreso, de manera que ellos puedan avalar o no el proyecto.

Ahora, imaginen cuál sería su reacción si su empleado o su equipo se rehúsan presentarle tal información. Así las cosas, agradeceré nos permitan conocer tal presentación.

NOTA: Al momento de enviar este escrito salió publicada una nota que indica que la propuesta de mudar 27 dependencias federales a los Estados costaría $128 mil millones. Ahora más que nunca deseo conocer esa presentación de los efectos de tal mudanza y los múltiples beneficios que nos harían desear gastar o invertir tal cantidad de dinero.

Oscar González

Se define como amigo, esposo, padre, hermano, tío y padrino; regiomontano e hijo de Dios. Estudió la carrera de Ingeniero Agrónomo por el Tecnológico de Monterrey, también una maestría en Productividad Agropecuaria y un Doctorado en Administración. Es profesor emérito del Tecnológico de Monterrey, coach de negocios y consultor independiente. Ha sido coordinador de Agencias de Desarrollo Rural y Consultor externo de la FAO.

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